Tres. De la serie Guiones (y Uno de la serie Calamidades Domésticas Insulsas)


Dejó de dormir. Y es que la cosa había ido a peor. Peor, por no dormir.

Dormía cada vez menos desde que el mundo le resultaba más interesante. Prestar atención a cada noticia, acontecimiento o descubrimiento inspirador, favorecía que el cuerpo tardase en desconectar. La serotonina aparecía por la puerta al mismo tiempo que la melatonina terminaba derrotada, desterrada, confinada a... otro lugar del cerebro.

Necesitaba aburrirse más. Mientras su alrededor fuera sugerente, no habría más noches, aunque sí más tiempo para crear. Y lo que hizo fue crear historias insulsas. Volcó su creatividad sobre la pantalla y se esforzó en narrar estúpidos cuentos anodinos y redundantes. Eliminaba todo dato de interés, desvelaba pronto el final e incluso a veces ni lo escribía. No, no eran finales abiertos, era hacer mal las cosas. Sus acciones, escenarios y personajes eran menos interesantes que la peor charla de ascensor.

Leía sus escritos cada noche una y otra vez, con un monótono y pedante tono. Cuanto más se acercaba al sueño, más se alejaba de ser alguien admirado. Había optado por sobrevivir.

Consiguió dormir. Tras la primera noche, no despertó jamás, necesitaba tanto descansar que a su mente se le olvidó despertar. Todavía sigue ahí roncando.

Mientras tanto, ya han publicado su recopilación, titulada ‘Cuentos para insomnes’, gracias a una peculiar e inesperada

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