Así, caminando
Escribía mientras caminaba. Como la que no puede caminar sin comer, como el que solo puede contemplar la ciudad al moverse. Así.
Y de escribir tanto y tan bien y en tantos sitios, terminó un libro. Recomendó, eso sí, que sus lectores lo disfrutaran sin quedarse quietos. Las librerías que lo vendieran, sin embargo, no tendrían por qué ser ambulantes. Las dedicatorias, las iría haciendo sobre la marcha. Y es que al detenerse, se vaciaba.
Curiosamente, la historia que escribió no trataba sobre un viaje. Aun así, viajó más que ninguna otra.
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