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Mostrando entradas de mayo, 2026

Media azafata

Azafata sencilla en avión pequeño. Está todo estudiado. El espacio se aprovecha compartiendo ángulos. Ahora las direcciones llevan a más de uno o dos lugares. Y ella se prepara ante el espejo del baño, del único baño. Y para tomar distancia y poder hacerse una buena coleta, la puerta debe permanecer abierta; es lo único que se puede hacer con un habitáculo de cincuenta por cincuenta centímetros. Todo esto deja a la vista el show. Los pasajeros—espectadores ven media azafata. Y un reflejo.

Viajes insólitos. Vol. 2

Comenzó como un juego. Pero es que jugar engancha, por eso hay ludópatas aferrados a la vida, enganchados a la felicidad. Su juego en concreto se inició cogiendo un autobús, circundando la ciudad. Sin más objetivo que realizar un trayecto. Sin destino, al menos, sin destino elegido. Sin anhelo de llegar. La gente —que la hay, existe y existirá— pensaría que la locura mandaba en su peripecia. Pero claro, ¡cómo saber de sus intenciones! Nadie observa tanto, a nadie le importa. Tras el inusual recorrido no quiso regresar, por el momento, a su hogar. ¿Quién le esperaba? Se le hacía raro incluso estacionarse, allá en un sofá, con todas las rutas por hacer. Agarró rápidamente un bus interprovincial, no miró parada alguna, tan solo se subió y casi en marcha. Después de ello tuvo que pillar un tren; y ya estaba recorriendo el país. Si se movía, si la vida le zarandeaba, todo adquiría significado. Sí, sí, todo. Se movió de un tren a otro. Luego unas líneas de metro, algún catamarán e incontable...

Buen provecho

Nos hemos deshecho de los cubiertos. Yo los he ido abandonando en los cubiletes de las cocinas de los bares, operando entre ausencias de camareros, cual ninja. Mi compañera los ha dejado caer en la basura, en la calle, con lamentos roncos, falsa adulación a la pérdida. También ha ido clavando tenedores por ahí. No queda nada, ni tristes cucharillas para el café, ni tan siquiera una espátula o un cucharón, ¡ni eso! Arranqué el compartimento del cajón y me deshice de sus guías con vehemencia, astillé la cocina toda y arañé los estantes, ya que estaba puesto. Conservamos una olla y dos sartenes, no he dicho nada de deshacernos de esto, esto no son cubiertos. Comemos con las manos, pelamos las patatas humeantes a pellizcos, desmigajamos el pollo, hundiendo nuestros dedos entre sus alas, alardeamos de engullir alubias a capazos, con la mano bien abierta. A veces prescindimos de los dedos, directamente abrimos bien la boca, y algo cae. Nos relamemos hasta el codo. Si no llegamos —que ya te d...