Efecto mariposa
Se adentra el sol. Se asoma, lo hace como puede. Aparece entre varias capas de nubes madrugadoras y busca con su luz la ciudad. La encuentra a resquicios y la baña por entregas. Picotea el sol sobre la cima de la Catedral, se conforma con las migajas de algunos vértices de su piedra y musgo. Colorea aleatorias copas de ciertos leñosos, los de tallo alto, espabilando a los pájaros, patrocinando rumores matinales. Salpica alguna avenida, no todas, solo las que se pusieron primero, rasga el asfalto y dibuja líneas difusas y cambiantes, haces de after sobre coches que se marchan a la oficina. Espolvorea con su calor unos rostros, moteando sus pieles en los balcones de un undécimo piso, a ojos entornados de estos humanos, café en mano, a gustete tempranero. Puntillea otros ojos, que no despertaron aún; se ha colado el sol por alguna rendija de alguna ventana, entre algún visillo y, sorteando diestramente un angosto pasillo —cómo es posible—, llega hasta el dormitorio y mancha sutil sobre un...