Escaleras
Esas escaleras.
Que ni suben ni bajan. Su función es otra, o así lo han decidido. Ahora son almacén o son expositor de feria. Son una instalación que imposibilita que sean otra cosa.
Y la cosa comenzó con unas sillas. Una cadena de sillas que subían, o bajaban, que se quedaron amontonadas ahí, entre y sobre los escalones de esta escalera. Al ver el conjunto, no sabrías si quieres sentarte o subir y/o bajar. Pero es que no puedes hacer nada, porque todo, todo, está bloqueado. Ya no hay escalones. Solo hay amasijo de sillas, unas sobre otras. Tanto las que subían como las que bajaban. Ahí están. Tampoco se puede hacer nada, entre otras razones, porque ya nadie accede a la zona. Y es que no se puede: desde abajo, no se puede subir, desde arriba, ya nadie puede observar. Si es que alguien subió hace años, de seguro ahora está ya muerto. ¿Habrá incluso humanos, o esqueletos de humanos, o estructuras de otras sillas debajo de toda la maraña?
Solo se puede afirmar que hubo unas escaleras y siguen ahí, porque lo cuentan los ancianos. Y mientras tanto, polvo, intuimos, en la parte de arriba e incertidumbre en la de abajo. Y casas sin sillas.
Ahora la gente se sienta en sus propios escalones.
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