Predecir el pasado
De tanto esforzarnos, finalmente seremos capaces de ver el futuro. Será un raro y bendito don.
Al poder adelantarse a los acontecimientos, los humanos encontrarán buenas ventajas para sus días venideros. Chocando, eso sí, con los planes de otros, que desearán objetivos similares en tiempo, espacio y relación calidad—cantidad—precio de similar índole. No nos engañemos, todo no se puede. Ni todo a la vez. Ni para todas ni todos. Cuando esto suceda, los hasta entonces videntes se dedicarán a otra cosa. ¡Qué sentido tendrá cobrar por lo que sabrá hacer todo el mundo!
Fue en ese futuro que hubo, eso sí, alguien que encontró la oportunidad y se dedicó a leer el pasado. Oye, se hizo de oro. Se le amontonaban los profetas para conocer sus raíces, o saber qué hicieron ayer. Esta persona les ayudaba a recordar. Y cobraba lo suyo.
Mientras tanto, ya nadie piensa en el presente, considerado ahora como una utopía extraña. Muy actual.
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