Danza muy especial


Expedición a Saturno. O a otro planeta. Es de noche, o eso parece. Si es que se trata de un cielo, está verde oscuro. Los astronautas saben que van a ser recibidos por seres extraterrestres —serían extra allí, en La Tierra, allí estarían fuera de, aquí juegan en su casa—. Nuestros tripulantes espaciales —nuestros por afinidad humana, por mera identificación— llegan y realizan las maniobras protocolarias previas a la excursión exterior. Despresurizan la cabina y tal y tal. Los saturnianos esperan. Dignos.

Primero los tripulantes terráqueos comunican con sonidos, luces y pausas dramáticas siderales. Después ya abren compuertas, ponen luces blancas de contra y bajan ordenados, ceremoniosos, también vivarachos. Descienden la rampa y se van colocando alineados, frente al comité de bienvenida. Llevan puestas sus escafandras y sus cascos todavía, no es cuestión de respirar a la ligera. De repente, levantan al unísono el brazo izquierdo. Luego giran sus cuellos, mirando hacia la derecha. Sigue una inclinación lateral, flexionando caderas. Se quedan a la pata coja y giran sobre sí mismos. La coordinación es impoluta, lo dan todo.

Esa ha sido su elección: presentarse así y no de otra manera, más aburrida y predecible. Después de todo, no es nada hostil ejecutar una danza simpática para presentarte ante tus anfitriones.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Así, caminando

Efecto mariposa